¿Cuándo es bueno el estrés?

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Cuando oímos la palabra “estrés” inmediatamente  se nos viene a la cabeza algo desagradable. Esto es debido al uso coloquial que hacemos del término estrés, que hace que muchas veces confundamos su significado.

Realmente el estrés es un estado de tensión física y mental que se genera como respuesta automática ante situaciones externas percibidas como demandantes, impulsándonos a conseguir nuestros objetivos.

Por lo tanto, el estrés en sí mismo es una respuesta necesaria y adaptativa, cuyo principal beneficio es aumentar nuestra energía para que actuemos de forma eficaz y vigorosa en situaciones más o menos puntuales.

¿Cuándo el estrés empieza a ser desadaptativo?

Si el estado de activación provocado por el estrés se prolonga en el tiempo o se intensifica, puede acabar provocando serios trastornos físicos y/o emocionales  como dolores, tensión o dificultad para dormir, entre otros, afectando también al desempeño.

El problema es que podemos acabar acostumbrándonos a altos niveles de activación, cuando no necesariamente son saludables ni necesarios. Estamos tan habituados a tener este estado de demanda que no somos conscientes, y esto nos lleva a un estado de agotamiento que afecta seriamente a nuestra calidad de vida.

Diferencias entre eustrés y distrés

Aunque popularmente concebimos el estrés como negativo, lo cierto es que este es solo uno de los dos tipos principales de estrés que existen. Conviene diferenciarlos para detectar su impacto emocional:

  • Eustrés o estrés positivo: es un fenómeno adaptativo y funcional que centra tu mente y tu energía, preparándote para la acción; por ejemplo, frente a una competición de tu deporte favorito, te divierte y te ves con posibilidades de ganar. El eustrés tiene una intensidad leve o moderada y hace que nos mantengamos activos, siendo más productivos y eficientes en las actividades que estemos llevando a cabo, ya sean relacionadas con el trabajo o con nuestra rutina diaria. Esto tiene un efecto claramente positivo, ya que nos estimula a redoblar nuestros esfuerzos y facilita el rendimiento, pero sin crearnos esa sensación de agobio y malestar.
  • Distrés o estrés negativo: sucede cuando anticipamos que algo terrible va a ocurrir y no nos sentimos suficientemente preparados para afrontarlo. Sin embargo, “negativo” no quiere decir que no nos ayude a afrontar las situaciones. Por ejemplo, si sientes este tipo de estrés ante un examen, puedes anticipar un suspenso o un fracaso al no sentirte preparado/a y te puede llevar a prepararte mejor.

Experimentar un tipo u otro de estrés va a depender de la percepción que tengamos sobre nuestros propios recursos, pero también del contexto situacional.

 

Tips para que el eustrés no se transforme en distrés

El estrés garantiza que el organismo gaste la energía suficiente como para sobrevivir. Sin embargo, no podemos estar siempre en alerta, necesitamos apagar el interruptor y recargar energía.

Aquí te dejo algunas claves que pueden ayudarte a quedarte solo con el estrés positivo/saludable:

  • Gasta energía en lo que sí puedes influir. Intenta reflexionar objetivamente si aquello que te agobia es algo que puedes cambiar o no. El simple hecho de aceptar a lo que no llegas tiene un efecto liberador.
  • Escucha a tu cuerpo. El cuerpo nos envía avisos cuando está empezando a asumir más de lo que puede, somatizando en un punto diana. Prestarle atención es una manera sencilla de pararle los pies al estrés.
  • Detecta su origen. Reflexionar sobre las causas del estrés te dará pistas sobre cómo tienes que reaccionar ante ello.
  • Utiliza tu red de apoyo social. Somos seres sociales y necesitamos a los demás para desarrollarnos. Contar con una buena red de apoyo es un factor de protección ante el estrés, ya sea por compartir, descargar o pedir ayuda.
  • Lo más importante eres tú. Cuida tu bienestar físico, porque el bienestar psicológico va muy ligado a una buena alimentación, un buen descanso o la realización de actividad física. El nivel de energía viene influido por estos tres factores.
  • Busca oportunidades de relajación. Cuando el nivel de eustrés desciende y todos los procesos fisiológicos y hormonales se van estabilizando es importante que utilicemos técnicas de relajación, facilitando este descenso y la obtención del equilibrio.
  • Practiva Mindfulness. Cualquier tipo de meditación genera un estado de base para que seamos más conscientes. Poniendo nuestra mente y cuerpo en el aquí y en el ahora nos predisponemos ante las actividades con más calma y favorecemos la activación de áreas cerebrales como el neocórtex, que nos ayuda a desarrollar las actividades del día a día con una mayor conciencia. Todo ello mejora nuestra capacidad de concentración y de rendimiento. Algo que no pasa cuando el sistema límbico está activado, ya que es el responsable de los estados emocionales más intenso.

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